Acá el asfalto es tan caliente
que derrite las suelas de mis zapatos
cuando intento avanzar.
La suela que se mezcla
con la negra brea
que trepa a mis tobillos
quema más que la arena
y se pega a la piel
como un chicle madurado al sol
masticado por otras bocas.
Me hundo en esta laguna
con nombre de mar.
Me hundo en la quietud
de lo estancado.
Y siempre las mismas caras
mirando con el mismo gesto
dispuestas en ronda
para observar el show:
un tipo bronceado
con zunga roja
hace una coreo premeditada,
revolea en mi dirección
un salvavidas circular;
un héroe se dedica a rescatar.
Pero yo, insumisa, me hundo
tengo un inmenso deseo:
vivir en un castillo
hecho de sal.
que derrite las suelas de mis zapatos
cuando intento avanzar.
La suela que se mezcla
con la negra brea
que trepa a mis tobillos
quema más que la arena
y se pega a la piel
como un chicle madurado al sol
masticado por otras bocas.
Me hundo en esta laguna
con nombre de mar.
Me hundo en la quietud
de lo estancado.
Y siempre las mismas caras
mirando con el mismo gesto
dispuestas en ronda
para observar el show:
un tipo bronceado
con zunga roja
hace una coreo premeditada,
revolea en mi dirección
un salvavidas circular;
un héroe se dedica a rescatar.
Pero yo, insumisa, me hundo
tengo un inmenso deseo:
vivir en un castillo
hecho de sal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario