Para romper el hechizo
hay que enterrar un espejo roto
en la intersección de dos calles de tierra.
La noche no puede ser cualquiera,
siempre se prefieren las de luna blanca
y de hombres lobo cubiertos de pelo
corriendo por las llanuras del verano.
Se precisa un pozo de agua dulce
para alimentar líquenes verdes adheridos
a superficies porosas
joyas confeccionadas con plástico brillante
por manos de niñas curiosas
enhebrando piezas en taza
luego, mosquetón.
La sangre de un conejo gris
las manos de un hombre que no sabe
las agujas de un reloj impreciso
la remera blanca del engaño
la inocencia de una mujer vírgen
para romper el hechizo
de la enfermedad permanente
que provoca
la elección de tu ausencia.
hay que enterrar un espejo roto
en la intersección de dos calles de tierra.
La noche no puede ser cualquiera,
siempre se prefieren las de luna blanca
y de hombres lobo cubiertos de pelo
corriendo por las llanuras del verano.
Se precisa un pozo de agua dulce
para alimentar líquenes verdes adheridos
a superficies porosas
joyas confeccionadas con plástico brillante
por manos de niñas curiosas
enhebrando piezas en taza
luego, mosquetón.
La sangre de un conejo gris
las manos de un hombre que no sabe
las agujas de un reloj impreciso
la remera blanca del engaño
la inocencia de una mujer vírgen
para romper el hechizo
de la enfermedad permanente
que provoca
la elección de tu ausencia.
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